Cuanto más los use, mejor le quedarán. Por eso los guantes de piel no son sólo accesorios: son algo personal. Se suavizan con cada uno de sus movimientos, recuerdan su forma y ganan carácter con el tiempo. No piden mucho, sólo que los maneje con cuidado, no con control.
Una marca o una inclemencia del tiempo no es una tragedia: forma parte de la historia. Pero cuando necesitan su ayuda, los guantes de cuero responden mejor al tiempo y la moderación. Sin roces, sin atajos y, desde luego, sin calor.
Déjelo respirar
Olvídese de acondicionadores y soluciones rápidas. Para levantar una marca, espolvoree un toque de polvos de talco, alísela con un paño seco y déjela reposar un par de días. Si sus guantes se mojan, séquelos suavemente, vuelva a darles forma con suavidad y deje que se sequen a su ritmo, lejos del radiador, el sol o cualquier calor artificial.
Método de cuidado
Aplique polvos de talco sobre las marcas con un paño seco. Déjelas durante 48 horas y después quítelas con cuidado. Si está húmeda, séquela con cuidado, vuelva a darle forma y déjela secar al aire de forma natural. Nunca la doble ni la guarde mientras esté húmeda.
Para un cuidado más profundo
Si sus guantes se vuelven rígidos, pierden su forma o desarrollan manchas persistentes, un especialista en el cuidado del cuero puede restaurar su estructura y superficie sin comprometer su carácter.