La belleza de la cachemira reside en su suavidad, no sólo en su tacto, sino en su temperamento. Es una fibra que se adapta a su piel con el tiempo, volviéndose más flexible, más cómoda, más suya con cada uso. Pero con esa suavidad viene la sensibilidad. La cachemira no exige, pero sí espera paciencia.
Lave sólo cuando sea necesario. Manéjela con cuidado. Déjela secar sin prisas. A cambio, se queda con usted: ligera, cálida y tranquilamente lujosa.
Déjelo en remojo
Lávelos a mano en agua tibia con el jabón más suave que tenga. Deje reposar los guantes, aclárelos lentamente y nunca los retuerza. Una vez limpios, presiónelos en una toalla y vuelva a darles forma mientras estén húmedos. No les gusta el calor ni la tensión, sólo el tiempo.
Método de cuidado
Lave a mano en agua tibia con jabón puro en escamas. Aclare a fondo, presione en una toalla para absorber la humedad y seque en plano. Vuelva a darle forma suavemente. Evite el calor, la luz solar o las máquinas.
Si las fibras empiezan a apagarse
Si sus guantes empiezan a perder suavidad, se apelmazan en exceso o encogen, un especialista en géneros de punto puede refrescar la superficie y recuperar la forma sin debilitar las fibras.